¡Un, dos, tres rodando!, en Traperos de Emaús…

Juan Manuel Chumilla Carbajosa ha convertido la Región de Murcia en su particular plató de rodaje con el empeño de demostrar que «con ganas de hacer y cosas que contar, se puede crear desde Murcia un proyecto con un nivel muy alto y vocación internacional», afirma sobre el largometraje ‘Entre el cielo y el mar’, en el que está embarcado ahora y que espera que esté listo para ir a las salas comerciales e iniciar su recorrido por festivales a mediados de 2012. Los escenarios elegidos para la película son Lisboa, Murcia, Cieza, Mula, La Unión y Traperos de Emaús de la Región Murciana.

Traperos de Emaús ha tenido el privilegio de ser uno de los escenarios elegidos en Murcia para rodar “Entre el cielo y el mar”, han rodado tanto en las instalaciones de la Ctra. San Javier como en el Rastro de Los Dolores. Hemos sido testigos de las largas horas de trabajo que se necesita para grabar una escena, y del despliegue de personal y medios para el rodaje de la película. Destacar el buen ambiente, la profesionalidad y el trato humano del que hemos disfrutado en todo momento con todo el personal del equipo.

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El cineasta murciano Juan Manuel Chumilla Carbajosa estaba ayer especialmente contento por presentar “Entre el cielo y el mar”,  un proyecto muy vinculado con Murcia. El director, ha conseguido reunir delante de la cámara a algunos de los mejores actores de la Región. En el reparto figuran Ginés García Millán, Antón Valén, Pepa Aniorte, Manuel Menárguez, Katrina Tomczyk –todos ellos presentes ayer en la presentación–, Daniel  Albaladejo, Enrique Martínez y María García Vera; además de varios estudiantes de la ESAD,  y técnicos locales como el realizador Carlos Belmonte (ayudante de dirección) y un enorme puñado de profesionales de la industria audiovisual, «la mayoría de ellos murcianos», insiste Chumilla, «hasta en el equipo de arte o de vestuario».


García Millán, da vida a Álvaro, «un perdedor; un hombre que lo ha tenido todo –poder, dinero, lujo…– pero que se arruina por un mal negocio. Incapaz de afrontar el fracaso, y preso de un ataque de cobardía, acaba viviendo en la calle y decide regresar a su ciudad –Murcia– para recuperar la relación con su hija». «Parece una historia triste, pero tiene mucho humor y es optimista, deja buen sabor de boca», afirma García Millán, y añade que la intención del director no era tanto contar «una historia universal, que le puede pasar a cualquiera», como ahondar en «la humanidad de unos personajes que no son ni buenos ni malos».

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